20/11/15

Quizá porque mi niñez...

Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa... Así empieza la canción. No sé por qué empiezo con ella, pero estos días estoy en Barcelona, así que seguramente tenga mucho que ver. Se me atraganta sentir que estoy "de visita" en mi ciudad, ya son tres años en Granada. Quizá la nostalgia, quizá que aún cagándola me siento más fuerte (¿novedad?), a saber qué me empuja a estas horas a escribir estas cosas en el blog. Siento que me arrancan de la teta, me da pena, pero no puedo mirar atrás. Ya son muchos años de hacer el crío, muchos años desde que tendría que haberme empezado a plantear sentar la cabeza. Salto de piedra en piedra, trepo de rama en rama y me empacho de los frutillos más blandos y dulces y jugosos. Soy un monete, voy haciendo lo que me da la gana sin tener en cuenta que un día la realidad me espera y voy a caerme de la rama más alta sin haber tomado ninguna medida de precaución. ¡Me da tanta pena dejar de hacerlo! Pero... ¡ay, señores! Estos días he estado trabajando con críos de entre 3 y 8 años. Estos niños esperaban autoridad, algunas veces consuelo, en mi persona. Podría ser su madre perfectamente.

A día de hoy, idiota de mí, me hace ilusión hacer algo por mí misma. Quizá porque lo veo como un proyecto nuevo. Siento que me hace una ilusión infantil el fingir que soy adulta y mezclarme entre todos estos niños trajeados que fingen que nunca se han comido un moco previa meticulosa extracción de sus narices. Muchas veces pensaba "tienes que madurar", a día de hoy no me preocupa demasiado (tómese esta afirmación con pinzas). Gente que podrían ser mis padres ya no puedo evitar tratarles como a iguales, y veo que, aún teniendo que aprender a reprimir muchas niñerías, los demás se caen en lo más llano en las pediatreces más ridículas.

En fin, niños, me voy a la cama.

Atentamente,
Aighash.

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